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domingo, 3 de abril de 2011

Cosas que extrañaríamos si desapareciera el papel



Fuente diarios El Mercurio/La Nación


Imaginémonos que los lectores digitales se masifican y que el libro en papel entra en desuso hasta convertirse en objeto de culto o coleccionismo. ¿Qué pequeños hábitos desaparecerían junto con él? Curiosear qué está leyendo tu vecino en el metro. ¿Quién no ha estirado el cuello para mirar la portada del libro del que está sentado al lado en el metro o el micro? ¿Quién no ha tratado, luego, de adivinar el perfil del pasajero, probablemente haciendo uso de los prejuicios en su máximo potencial?

Los marcadores de libros

Los hacen los niños en los colegios, pueden ser postales de ciudades o incluso objetos para coleccionistas. Pero, sean como sean, a ninguno de éstos los volveríamos a ver si no tienen hojas de papel que separar.

Hacer caricaturas animadas en las esquinas de las páginas

Un clásico de la infancia. Había que copiar la secuencia de imágenes con pequeñas variaciones para conseguir el efecto de movimiento y, entonces, se lograba una auténtica animación hecha en casa. Los niños del futuro no tendrían libros para hacer las suyas.

El olor a libro

La antigüedad de un libro no solamente puede medirse por la fecha de impresión: su mejor cédula de identidad es el olor. Los nuevos tienen aroma a papel y a pegamento; los viejos, a una mezcla de polvo y ácaros que saca estornudos en los alérgicos. Tan importante es este elemento que ya se ha inventado el "olor a libro" envasado para e-books. ¿Cambiará también con el paso de los años?

Juntarse con la excusa de un libro

Prestar un libro y, en los mejores casos, devolverlo son buenas excusas para verse las caras, tomarse un café y comentar lo leído.

Seguir los consejos de los libreros

Preguntarle a un librero qué nos recomienda o qué opina de tal y cual ejemplar es un pequeño placer insustituible vía Web. Hay una gran diferencia entre que te aconseje un ser humano y ver publicidad de un libro por intermedio del computador.

Heredar libros de generación en generación

Los ejemplares que llegan a nuestras manos desde los padres o abuelos pueden ser verdaderas joyas. O, al menos, fidedignos testimonios de qué se leía en el pasado. Tanto mejor si están fechados y con el nombre de su dueño. Estas pequeñas bibliotecas familiares podrían mantenerse, pero las nuevas generaciones no tendrían legados que dejar a sus descendientes.


Les agregamos esta historieta de Rep con todo lo que se puede perder el dia en que no haya libros.

sábado, 5 de marzo de 2011

Alberto Manguel: "Leer será en el futuro un acto de rebeldía"

Le recomendamos esta nota del diario español El país sobre el libro del argentino Alberto Manguel La biblioteca de noche. Para que vayan picando lean esta cita

"Los seres humanos podemos ser definidos como animales lectores. Creemos que el mundo natural hay que descifrarlo. Vivimos en esa paradoja: saber por un lado que este mundo no tiene ningún sentido y preguntarnos el porqué de las cosas". Las respuestas, a Manguel no le cabe duda, están en los libros. Por eso lamenta que hoy el libro no goce del prestigio de otro tiempo: "Las calidades que tiene la tecnología, por razones económicas, son las que nuestra sociedad pone por delante. Hace cincuenta años la biblioteca estaba en el centro de la sociedad, nadie discutía que leer era importante, pero el capitalismo salvaje actual no puede permitirse un consumidor lento. La literatura, en cambio, requiere lentitud, requiere que te detengas, que reflexiones, que nunca alcances una conclusión. Nunca puedes saber si Don Quijote está loco o no. Como sociedad tenemos que decir que el acto intelectual es importante. No puedes pedir a un adolescente que lea cuando le estás diciendo que toda actividad que no te dé una ganancia inmediata y visible es inútil. Creo que no existen seres humanos no lectores. En la sociedad actual es como si fuésemos misioneros de una religión en la que la iglesia central ya no cree".